lunes, 1 de mayo de 2017

Bones y el personaje femenino en la literatura del siglo XIX (Jane Austen)



De Rima Ibrahim

Antes de dar inicio a este pequeño análisis debo mencionar que a partir de mediados del siglo XIX (19), el tratamiento de los personajes femeninos se hace aún más complejo que en épocas anteriores, debido a que desde ese entonces se empezó a romper con el mito de que las mujeres éramos seres despojados de racionalidad, ya que antes se nos consideraba sólo como "un bello animal", sin pensamiento ni razón, así literalmente lo decían los hombres y así, sumisamente, lo admitía toda la sociedad femenina, fuese de la clase social que fuese, plebeya, burguesa o noble, las féminas aceptábamos con resignación que aquello era así.

Sin embargo, más tarde, todas las ideas nuevas, la filosofía revolucionaria de los franceses, las gestas de independencia, entre otros aspectos, hicieron mella en todos esos pensamientos obsoletos y así fue como, de forma paulatina y callada, se fue gestando lo que hoy en día denominamos la liberación femenina, la cual aún continúa su curso. Es obvio que ese proceso de emancipación se inició en la parte intelectual, en los libros, ya que empezaron a surgir mujeres escritoras, que a pesar de usar pseudónimos, se sabía de su identidad y de su autoría en algunas obras. Es que, aún así, antes de eso, los críticos literarios han afirmado que existen pocas escritoras mujeres en la antigüedad, no obstante, los personajes femeninos, a pesar de pertenecer a obras escritas por hombres, han sido y son los que de verdad mueven las historias, son la musa y los que dan vida a las obras, y así ha sido desde siempre, ello se debe a que era obvio que el público lector y consumidor estaba conformado mayoritariamente por mujeres, quienes eran las que disponían de tiempo suficiente para el ocio y la lectura de novelas, por ende, ése era el sector que buscaba inspiración mediante personajes con los cuales sentirse identificadas. Es importante recalcar que esto también aplica en la narrativa moderna, representada en el cine y la televisión.

Primero que nada, debo mencionar que a lo largo de estos años, leyendo numerosos comentarios de fans de Bones, me sorprendía la gran cantidad de fans que afirmaban ser seguidores de la obra de Jane Austen, y han sido fans de varias partes del mundo; por otra parte, casualmente estaba teniendo problemas con mi tema de tesis del Máster, que no era otro que el desarrollo del personaje femenino tanto en las novelas como en las versiones cinematográficas, recuerdo que allí mi tutora me sugirió que me fijara más que nada en el personaje masculino y en su función dentro de la obra, me dijo, “verás que un esquema recurrente en las obras de Austen es que el personaje masculino hace crecer al femenino”, en ese momento automáticamente recordé a Bones, cosa que me ayudó a entusiasmarme aún más con el trabajo (gracias Bones!!!)...



Pude, gracias a nuestra serie, llegar más allá de lo que debía en la lectura de Emma, a mi parecer, la obra mejor escrita de Austen, ya que representa la obra hecha en su madurez como mujer y escritora. A diferencia de Orgullo y Prejuicio, su obra más popular, la que representa su juventud y primer salto a la fama, Emma Woodhouse y Mr Knigthley no enfrentaban un tema de “tensión sexual no resuelta” como en el caso de Elizabeth Bennet y Mr Darcy, en Emma más bien existe una relación “aparente” de fraternidad y amistad, dada su condición familiar de concuñados, aparentemente Emma veía a Mr Knigthley como a un hermano, pero en verdad no se daba cuenta del inmenso amor que había nacido en su corazón.

Como bien lo advirtió Austen antes de publicar su obra: “voy a coger una heroína que excepto a mí, no gustará mucho”; porque Emma era una chica altiva, arrogante y encantadora a la vez y quizás un poco pretenciosa...¿se puede comparar el caso de Emma con el de Brennan?, yo pienso que sí, porque al principio de la serie Brennan era una mujer que solía caer pesado tanto a la audiencia como al resto de los personajes, cosa que se fue solventando a lo largo de la serie hasta el punto de llegar a ser uno de los personajes más queridos de la TV.

Emma era una mujer afortunada, el modelo que muchas jóvenes de su pueblo querían seguir, debido a su inteligencia, riqueza, buen porte y educación, a pesar de sus defectos y su frivolidad, Emma no dejaba de mostrar cualidades como la nobleza, su sentido de la amistad, la fidelidad con los suyos, su impetuosidad y poder de decisión (algo impensable en las mujeres del siglo XIX). Su preocupación por ayudar a otros la ha llevado incluso a ejercer cierto control sobre el destino de las personas que ama con el propósito de conducirlas a la felicidad, cosa en la que falla a veces. En medio de todas estas equivocaciones, Mr Knigthley viene a ser la voz de la conciencia y el guía de Emma, ya que muchas veces, ella, sin intención, llega a herir cruelmente a algunas personas, por simplemente mencionar hechos que no se pueden cambiar, como por ejemplo el hecho de que Ms. Bates sea una mujer fea, pobre y solterona, por ello, en varias ocasiones, vemos a Mr Knigthley reprender y corregir a su amiga para enseñarle a ser prudente y tolerante, cosa que Emma acepta con todo dolor y resignación, debido a la gran confianza y afecto que profesaba a su mejor amigo. En pocas palabras, ella le permite que la corrija para que la ayude a crecer como ser humano. Los personajes de Jane Austen eran mujeres que anhelaban superarse a sí mismas y mejorar sus status desde el punto de vista moral, social e intelectual, en ningún momento buscaban superar a los hombres, sino mejorar para sí mismas.

Emma, al igual que Brennan, buscaba superar sus carencias (que todos las hemos tenido alguna vez), no era una mala persona, más bien era noble y desprendida, con el afán de ayudar a la humanidad, a su manera, pero ayudando al fin y al cabo, eso es más que suficiente para dar al traste con cualquier eventual sentimiento de celos, envidia o vanidad. Pero para superar esos obstáculos estaba a su disposición un ser preocupado por el bienestar y la estabilidad emocional de su potencial pareja, el amigo y compañero que más que una actitud de hermano, nos hacía ver una relación “paternalista”; Mr Knigthley era el que se ocupaba de guiar a Emma por el buen camino aparte de velar por su estado emocional. Tal vez por estar ambos absortos por corregirse mutuamente (porque Emma también lo hacía, tampoco era sumisa), y por estar en una estrecha competencia de conocimientos, ninguno supo leer en el otro el verdadero sentimiento de amor que los embargaba, cosa que afortunadamente llega a buen término para llegar finalmente a ser felices para siempre.




Emma y Brennan, a pesar de sus defectos, en el fondo, eran mujeres dulces y sensibles, y por sobre todo ingenuas e inocentes, factores que las liberan finalmente de toda culpa ante cualquier acto de vanidad o arrogancia que hayan cometido. Al final de sus historias ambas alcanzan un final satisfactorio, completan su evolución y crecen como seres humanos gracias al incentivo de sus grandes amores, Mr Knigthley y Booth, porque finalmente todo ser humano tiene derecho a equivocarse y cometer errores y a su vez, saber rectificarlos.