lunes, 29 de junio de 2015

Bones. Momentos Favoritos Hart Hanson: El Elogio de Ripley.



Uno de los momentos favoritos de Hart Hanson, el creador de Bones, según le ha comentado a la revista Buzzfeed. El elogio propiamente dicho se corresponde con la última escena del episodio The Finger in the Nest (4.04), el que comienza cuando Parker, que está jugando al fútbol con Booth en un parque, encuentra en un nido los restos de un dedo humano.



A partir de ahí se entrecruzan dos tramas, la primera, por supuesto es la de las peleas clandestinas de perros, y la otra y, para mí más entretenida y difiero de Hanson, la preocupación que siente Booth por cómo le ha podido afectar a Parker el hecho de haberse encontrado el dedo humano.



Tanto le preocupa que deja a su hijo con Sweets, ¡con el doctor Sweets!, para que averigüe que le pasa al chico que se está comportando un poco raro. Y por supuesto lo descubre. Lo que le pasa al pobre Parker es conmovedor y es, por supuesto, responsabilidad de su padre. Una niña grandota se lo cargaba a la espalda y lo llevaba por ahí como si fuera su monito. Parker quería hacerse con el dedo encontrado para asustarla. Booth no comprende como su hijo no se defiende, no pelea. Pero es por su culpa, porque él le había dicho que no tenía que pelear con nadie, pobre chiquillo.


En fin, a lo que vamos, a lo orgulloso que se siente Hanson del elogio que escribió para Ripley, porque ese hermoso perro que Brennan acaricia sin ningún temor, para asombro de Booth, resulta ser el arma asesina, aunque al decir de Brennan sea “muy bueno” y esté dispuesta a adoptarlo, hasta le ha encontrado un cuidador y le ha comprado un collar con su nombre “Ripley Brennan”.


Pero llega demasiado tarde, la ley es la ley y Ripley que mató a un hombre en cumplimiento de las ordenes de su amo ha sido sacrificado. A Booth le toca darle la noticia.
  


Mierda —exclama una Brennan apesadumbrada dejándose caer en el sillón frente a Booth. Para luego preguntarle —¿Y qué harán con sus restos?



Y es a partir de la siguiente escena en la que se inicia propiamente lo que Hanson llama  “el elogio de Ripley”, que es uno de sus momentos favoritos no porque haga el elogio del pobre perro que paga con su vida las culpas de los humanos. Palabras muy emotivas, sin duda, las que Hanson escribió y que Brennan pronuncia; pero Hanson explica que le encanta ese momento porque por la interpretación de David Boreanaz puede verse como Booth va enamorándose profundamente de Brennan (no sé, no sé, a esas alturas de Bones, para mí que Booth llevaba ya profundamente enamorado de Brennan cuatro temporadas, pero claro él es el creador, él sabe mejor que nadie cuando los hizo enamorarse).



La escena comienza con Booth echando tierra con una pala a la tumba dónde han enterrado a Ripley. Brennan le pide que le deje hacerlo a ella y mientras echa una palada le pregunta:



¿Te ayudó Sweets con Parker? —Uniendo así al final las dos tramas del episodio.



Sí, le he dicho que a veces es mejor no pelar.



A Brennan no le gusta demasiado su respuesta:¿A veces? ¿No es siempre mejor no pelear? —le pregunta a su vez, y sus argumentos son contundentes, movidos por la situación y en mi opinión bastante equivocados, sobre todo para una mujer luchadora como ella— Este perro —dice— seguiría vivo si no le hubieran obligado a pelear.



Le he dicho que no pelee si es por él mismo, que dé la cara y pelee si es por otra persona —argumentos muy pacifistas, muy buenistas, de los que no molestan a nadie, salvo a quien como Parker tiene que aguantar que una gigantona lo lleve a cuestas. Booth, el propio Booth nunca lo hubiera consentido, hubiera peleado, por eso, algo de remordimiento le queda por dentro porque añade —No sé si he hecho bien, pero…

Cuando Booth le pregunta ¿Quieres decir unas palabras? Brennan parece pensárselo por unos instantes, pero luego comienza el elogio de Ripley.
  


Creo que este perro, Ripley, ha pagado un precio que es injusto.



A Booth no parece gustarle el tono con el que Brennan le habla y la interrumpe:
No es culpa mía, ¿por qué me hablas así? —le dice.
No hay nadie más —la lógica de Brennan como siempre inatacable.
Pues háblale al universo, a Dios, a Ripley —la anima.
Yo no creo en Dios —le replica, aunque a estas alturas a nadie le quepa duda de que eso es así.


Los perros son criaturas de Dios


Pero Ripley está muerto, además es un perro con… ya sabes… —titubea Brennan, sin encontrar las palabras—… un vocabulario muy limitado.


Bones, tú habla con el corazón —le recomienda.



Brennan no protesta, suspira hondo, mira hacia el cielo en espera de inspiración y se coloca en posición.



En nombre del universo, humanidad, quisiera pedir disculpas por lo que le ha pasado a Ripley —dice al principio enfadada— Nació siendo una monada de perrito perro los que lo adoptaron quisieron matarle porque eran estúpidos para asumir que se haría un perro grande —y ya en esos instantes la congoja le atenaza la garganta.




Ripley era un buen perro —continúa—, no quería pelear pero lo hizo para complacer a su amo. No quería atacar a un ser humano pero lo hizo para complacer a su amo. No fue culpa de Ripley que su amo fuera un ser humano cruel y egoísta.





— Como todos los perros, Ripley sólo veía lo bueno de una persona. Los perros son así y debemos aprender de ellos. Con eso basta —termina.



Y Booth mientras ella entierra la chapa con el nombre del perro pone la mano sobre su espalda para consolarla y le dice él también con la voz entrecortada.




Sí, es eso todo lo que un perro como él podría desear, incluso con un vocabulario tan limitado.

 


Y al final, la pena de Brennan por Ripley y el amor secreto de Booth por Brennan se funden en un tierno y doloroso abrazo. Un momento sin duda muy emotivo.

 ¿Es de vuestros momentos preferidos?

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