lunes, 7 de octubre de 2013

BONES Y LOS ASESINOS EN SERIE.



El otro día Hart Hanson, el creador de Bones, dijo que a él no le gustan los asesinos en serie pero a los americanos sí, por eso incluye siempre una trama de esta clase en la serie. En el episodio que se emite esta noche “The Sense in the Sacrificie” se espera que acaben con el penúltimo, porque inmediatamente tendremos al siguiente, mucho más poderoso que ninguno que hasta ahora hayamos visto en Bones. Si Pelant debe morir esta noche porque estuvo a punto de cargarse la serie, el nuevo que se avecina mucho más poderoso se la cargará definitivamente. Pero claro, Hanson sabe lo que le conviene a su serie. En todo caso, para cuando llegue el final de la novena temporada, ya se ha dicho que de la foto de abajo faltará uno.


Nunca se les dieron demasiado bien a los guionistas de Bones las historias con asesinos en serie. Tal vez porque desde el principio han considerado estas tramas como medios para alcanzar un fin, nunca un fin en sí mismos. Crear un relato sobre un asesino en serie es muy sencillo, a un personaje se le dan rasgos de psicópata y se le hace matar a varias personas de la manera más cruel posible, preferiblemente mujeres y niños. Los polis luchan denodadamente para atraparle, lo que sólo lo consiguen al cabo de varios episodios o temporadas. Ese es el patrón, luego se viste la historia con lo que en esos momentos esté más de actualidad, sectas secretas, francotiradores, hackers o códigos informáticos. 



El planteamiento lo hacen bien, siguen el patrón. En lo que fallan es en el desarrollo y sobre todo en la conclusión, y es que se olvidan de algo tan importante como la coherencia interna de la historia. Especialmente las tramas escritas por Hart Hanson y Stephen Nathan que han resultado las más ilógicas e incoherentes. No es necesario haber leído la Poética de Aristóteles para saber que la ficción necesita de la lógica para sobrevivir. El relato ficticio debe cumplir unas reglas internas, ser coherente desde el principio al fin. El planteamiento puede ser sorprendente, más aún el desarrollo y por supuesto el fin, pero éste debe estar implícito en el desarrollo y sobre todo deber ser razonable; sorprendente sí, pero razonable. Para ilógica y caótica ya está la vida. La ficción es otra cosa.



El primer asesino en serie, Howard Epps, apareció por Bones en el episodio siete de la primera temporada, A Man on the Death Row. Epps era un asesino a punto de ser ajusticiado; su abogada intenta convencer a Booth de que es inocente y Brennan encuentra pruebas que al menos ponen en duda, en principio, la sentencia; luego resultaría que no sólo había asesinado a la víctima por la que estaba condenado, sino a otras seis más por lo que la ejecución se aplazó. Aunque el asesino termina saliéndose con la suya, Booth y Brennan hicieron impecablemente su trabajo. Continuó en  The Blonde in the Game, en el episodio, Booth y Brennan luchan contra el reloj por salvar la vida a una chica a la que ha secuestrado un hombre que imita y completa los crímenes de Epps; salvan a la chica y Brennan mata al asesino.


Concluyó la trama con uno de los grandes episodios de la serie, también de la segunda temporada, “The Man in the Cell”. Cam, presionada por Booth, se salta los protocolos resultando envenenada, todo porque Parker ha sido objeto de la atención  del asesino. Booth es el héroe al que nadie reconoce y al final, la muerte de Epps en el balcón de Brennan, al escurrírsele de las manos a Booth, crea una nueva situación con la que lidiar en los próximos episodios. La terapia de Booth y por ende la de la pareja. Los tres episodios, sólidos y coherentes fueron escritos por el también novelista Noah Hawley, quien actualmente prepara para la cadena FX la conversión en serie de televisión de la película Fargo de los hermanos Coen.



El segundo asesino en serie fue el Gormogon comenzó su andadura en el primer capítulo de la  tercera temporada,  The Widow's Son in the Windshield, escrito por Hart Hanson, una historia de conspiraciones y sociedades secretas (no hay que olvidar el éxito, por entonces, de El Código Da Vinci), un poco idiota lo de los Iluminati y la calabresa Orden de Alcántara. La Orden de Alcantara, sólo es necesario buscar en la Wikipedia, es una de las cuatro órdenes militares españolas y sus dominios estuvieron limitados a la región española de Extremadura. Nada que ver con Calabria, región de Italia. 


Y con Gormogon comenzó el patrón. El equipo del Jeffersonian es el mejor, Brennan el ser más inteligente de la creación, Booth el mejor de los policías hasta… hasta que se enfrentan a un asesino en serie ideado por Hanson, entonces todo son torpezas y fracasos. Continuó con The Knight on the Grid, escrito por Noah Hawley, en el que la primera víctima fue un sacerdote y se mezclaron ideas conspiratorias como la búsqueda del Jardín del Eden en la Capadocia turca con los lobbis de la política americana. Tampoco en este episodio, el Drean Teen atrapó al asesino, Booth, que nunca ha sido muy ágil corriendo tras los malos, lo perdió en una persecución. Con Gormogon terminaron el tanden Hanson & Stephen Natham a capazos en el devastador  episodio The Pain in the Heart.


El tercer asesino en serie fue el "enterrador", aunque en principio no hicieron ningún arco con su historia. El primer episodio en el que apareció fue en Aliens in a Spaceship, escrito por la veterana Janet Tamaro en la segunda temporada. Uno de los grandes episodios de Bones en el que el doctor Hodgins y Brennan resultan enterrados vivos, aún hoy en día la gente se preocupa por lo que escribió la doctora como nota de despedida cuando creyó que moriría. A ellos los salvaron y el asesino siguió libre.



Continuó, ya en la temporada cuatro, con otro episodio buenísimo escrito por Janet Lin y Karin Rosenthal, titulado el The Hero in the Hold, esta vez el secuestrado es Booth y quien lucha por rescatarle Brennan, al final consiguen detenerla, porque resultó ser una mujer, precisamente la fiscal del caso. Le siguió forzando  la coherencia con los dos episodios anteriores The Boy with the Answer, ya en la quinta temporada, escrito por Stephen Nathan, que no tenía otro sentido más que preparar el cliffhanger del final de la temporada, avanzan que la doctora está cansada de crímenes y luego los separan. La resolución del Enterrador no llegó hasta mediada la sexta temporada, The Bullet in the Brain, escrito por Karyn Usher dando pie a que comenzase el arco del siguiente asesino en serie.



El cuarto, es un francotirador que se toma la justicia por su mano, sabemos de él cuando mata al enterrador) en The Bullet in the Brain, otro capítulo que Booth nos deja ver su gran destreza en las persecuciones, perdiéndolo a mitad del camino. Continuó en el episodio The Killer in the Crosshairs, escrito por Michael Peterson que, aunque respetuoso con lo establecido previamente, sólo fue un episodio de transición, se me olvidaba Booth se pasó todo el episodio, sin que realmente hubiera causa, diciendo que Brennan creía que él era un asesino como Brodsky.



Y la conclusión llegó en el episodio The Hole in the Heart, un episodio muy esperado por los fans, porque es en el que B&B hacen…, iba a escribir el amor, pero no, lo que hacen es a Christine. Fue escrito por Hart Hanson con una sola idea, darle una excusa a Brennan para que se metiera en la cama con Booth y así cubrir el embarazo previo de la actriz en la temporada siguiente. Y así fue. Con incongruencias como que  Booth, un agente del FBI entregue un móvil a un becario para que responda a la llamada del asesino, fingiendo ser él.  Pero una vez más el asesino fue un medio más que un fin.


El siguiente asesino ya fue Pelant, Zeus reencarnado con cara de inocente. Apareció en el sexto episodio de la séptima temporada The Crack in the Code, como un hacker reconvertido en asesino, no sabemos por qué. En una de las imágenes cebo nos lo muestran montando un despertador, la cámara se aleja y enfoca un panel donde cuelgan recortes de periódicos que mencionan casos de Booth y Brennan, casos que en la serie no se han mencionado. Al parecer está fascinado por ellos, pero tampoco se nos explica el porqué, ni de qué medios se vale para saltarse la vigilancia a la que está sometido. 



Volvió en The Past in the Present, al final de la temporada y aunque rebuscado tenía su lógica interna, Pelant consigue, manipulando los registros informáticos, que a la doctora la inculpen del asesinato de Ethan Sawyer, un genio amigo suyo interno en un psiquiátrico (¿pero ese no era Zack?); su principal misión no era otra que crear un cliffhanger casi tan grande como el de la sexta temporada y lo consiguen, convierten a Brennan en una fugitiva y separan a la pareja,  una “grata y divertida” costumbre de los productores ejecutivos en los finales de temporada. Los dos episodios estuvieron escritos por Carla Kettner, guionista de Bones desde la cuarta temporada que dejó la serie al final de la séptima.


Y con el comienzo de la octava llegó el desastre. En The Future in the Past, posiblemente junto con The Secret in the Siege, el peor episodio de Bones. Existía un reto. Había que recomponer lo deshecho en el final de la séptima. Juntar a la pareja, limpiar el nombre de la doctora Brennan y mantener libre a Pelant, porque como ya nos habían dicho hasta la saciedad por los productores ejecutivos era “un personaje muy interesante”. E hicieron lo que les dio su real gana. 



Que tuvieron que saltarse la coherencia interna del relato, se la saltaron; que tuvieron que trastocar imágenes de diez años atrás las trastocaron, aunque no los textos, qué casualidad; que Booth alquila un coche del que no debe quedar rastro con el nombre de uno de los internos del laboratorio, pues lo alquila; que Angela, quien ha guardado el secreto del paradero de la doctora durante tres meses y se niega a contarle a Booth como se comunica con ella, se lo dice a su marido, pues qué bien; que por las imágenes de unas flores el asesino averigua el código secreto y se presenta en un cementerio precisamente delante de la tumba de la cita, pues mejor que mejor (es que quería suicidarse); que luego, resulta que el FBI lo suelta porque un embajador dice que es egipcio, genial. Ya lo tenemos dónde queríamos, libre para utilizarlo una vez más cuando nos venga en gana.


Entre tanto había ocurrido otro fenómeno interesante, en las series triunfaban los antihéroes y en Bones de eso no había, al contrario Booth y Brennan llevaban ocho años encerrando criminales, y ya no era cool. “Vamos a crear drama”, se dicen Hart Hanson y Stephen Nathan. La octava será una temporada oscura, muy oscura. La siguiente aparición de Pelant fue trepidante,  The Corpose on the Canopy, escrito por Jonathan Collier es un comic, un divertido comic, en el que priman las imágenes sobre la trama. El cadáver colgado del dosel, los dibujos de Andreas Vesalius, un anatomista del siglo XVI, los monos de Gibraltar, la persecución por el edificio (ya sabemos que cuando Booth persigue a un asesino en serie a pie nunca lo atrapa), los drones, la quiebra del doctor Hodgins, el último disparo, la última mirada del niño bueno convertido ya en el enemigo público número uno al que nadie persigue, esa visión de la pareja desde fuera de la casa. 


Y llegamos al final de la octava, esa temporada que debía ser oscura, muy oscura y sólo lo fue en los dos últimos minutos. Entonces volvieron a acordarse de los antihéroes, ¿pero cómo, aún no hemos convertido a Booth en un antihéroe? ¿Cómo ha podido pasar?  Y utilizan a Pelant.  The Secret in the Siege, escrito por Jonathan Collier y Stephen Nathan (Hanson andaba por Vancuver rodando el piloto de una serie para la CBS que luego no quiso)  es un episodio interesante. En menos de 20 minutos el experto, el gran conocedor del asesino, el doctor Sweets da dos versiones diferentes del comportamiento de Pelant, ya no se quiere suicidar, ahora lo que pretende es que nadie le sustituya, ser el primero para la doctora Brennan, y así ha conseguido acceso a todas las cámaras que vigilan la ciudad, no sólo a las cámaras, también al audio, con zoom incorporado y pudiendo elegir el ángulo de visión y el FBI sin enterarse.


Para proseguir su venganza ahora contra Booth, mata a agentes del FBI que él conocía, bueno sí se sabe el porqué. Porque Brennan debía sentir miedo de perderle y debía proponerle matrimonio. Esa era la premisa del episodio, luego la pareja debía romper para crear un nuevo cliffhanger con el que entretener a las fans durante el verano. Y ahí se equivocaron. A las fans les es indiferente el carácter de Pelant y sus motivaciones para asesinar. Lo que Hart Hanson y Stephen Nathan no previeron fue la rebelión que provocó el convertir a su héroe, Booth, en un villano y todas las incongruencias del relato quedaron manifiestas. Pelant resultó un mal chiste.



Y  había que acabar con él. En The Sense in the Sacrifice se trata de darle el finiquito. Y por supuesto, el momento de completar el rompecabezas, de dar explicaciones ¿Las darán? Posiblemente no. Posiblemente nos quedaremos sin saber el porqué asesina ni el porqué de la fijación de Pelant  con Booth y Brennan. Eso sí, se llevará consigo a alguien querido (¿Pour quoi, cheri?). Pero como decía Alicia “Las cosas dan por aquí muchas vueltas” y, ahora, confirmada la boda como seguro de supervivencia de los productores ejecutivos, lo único que importa del episodio es el final feliz. Booth, de rodillas, proponiéndole a Brennan matrimonio. Y todos seremos felices y comeremos perdices.


Aristóteles, la Poética, la lógica interna del relato no están invitados a la boda. Las Boneheads sí.